lunes, 5 de marzo de 2012

LAS TRANSFORMACIONES CULTURALES

Historia: Historia de Chile: Las Transformaciones Culturales

Historia y Ciencias Sociales

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LAS TRANSFORMACIONES CULTURALES
Unidad Nº13 de Historia y Ciencias Sociales - Historia de Chile

TEMAS
1. La vida urbana
2. Formas de sociabilidad aristocrática y popular
3. La educación
4. La consolidación de la clase media
5. Nuevas creaciones intelectuales y artísticas
6. La crisis del centenario


En esta clase estudiaremos las transformaciones culturales que vivió el país a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Este contenido resulta de vital importancia para entender lo que fue el devenir del siglo XX.

De un modo u otro, la siguiente imagen ilustra los procesos de cambio y resistencia que, especialmente, se viven en las principales ciudades del país. Algunas ciudades como Santiago comenzaron a vivir en este período procesos de modernización. Como puede observar se renuevan las calles, se instalan alcantarillados y se moderniza el transporte público.

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Fuente imagen: www.nuestro.cl

Éste fue un período de extraordinarios cambios, especialmente en ámbitos como la vida urbana, el ascenso de los sectores medios y el ingreso en la vida política de nuevas ideas y proyectos.

1. La vida urbana

Durante este período se desarrollaron grandes movimientos migratorios desde los campos a las ciudades del centro y sur del país, particularmente Santiago, Valparaíso y Concepción. La población campesina que emigró del campo lo hizo principalmente atraída por la expectativa de obtener trabajos mejor remunerados, como aquellos que se ofrecían en las Obras Públicas y en las labores de la instalación de la línea ferroviaria longitudinal. Los primeros en emigrar fueron los hombres jóvenes y después lo hicieron las mujeres.

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El Norte Grande, gracias a la producción salitrera y a la proliferación de oficinas y puertos, se convirtió en otro polo de atracción de población rural, generándose un ciclo de concentración demográfica en Iquique y Antofagasta que duró hasta el colapso de la producción salitrera.

A su vez, la industrialización temprana, operada en Valparaíso y Santiago, provocó importantes transformaciones en la relación campo-ciudad. La población rural del Núcleo Central se mantuvo prácticamente estancada en un millón de habitantes entre 1880 y 1930, en tanto que la población urbana aumentó en ese mismo período desde 400 mil a 1.330.000 personas. Es decir, el índice de urbanización subió del 29 al 56% en cincuenta años, concentrada en las ciudades mayores (ver Cuadro Nº 1).

Cuadro Nº1: Población Nacional, Total y por Zonas, 1885-1930

Años
Población Total País (miles)
Población Norte Grande (miles)
Población Santiago (miles)
1885
2.507, 0
88, 0
189
1895
2. 695, 6
141,5
256
1907
3. 232, 0
233,9
333
1920
3. 730, 2
288,2
507
1930
4. 297, 4
292,1
696
Fuente: MINEDUC, Programa de 2º medio, pág. 110.

Esta transformación demográfica, especialmente urbana, trajo aparejada grandes problemas sociales, especialmente de vivienda y en la provisión de servicios básicos, como salud pública, alcantarillados, energía, alimentación, etc. Ante la indiferencia del Estado, la población buscó formas alternativas y autónomas de obtener los recursos esenciales para su subsistencia. En ese contexto aparece, por ejemplo, la cocinería popular (en la imagen).

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Fuente imagen: www.memoriachilena.cl

Surgieron, de este modo, nuevas formas de sociabilidad. Al lado de las actividades recreativas de las elites, comenzaron a desarrollarse las actividades callejeras propias de la población de las barriadas y los conventillos.

En Santiago, había conventillos en calles tan céntricas como Carmen, aunque en Valparaíso, los conventillos y cités pasaron a ocupar los cerros. De todos modos, las ciudades de inicios de siglo XX estaban llenas del contraste social de sus habitantes: a un lado de la vereda, la pobreza en sus más amplias y complejas realidades (como se aprecia en la imagen); al otro lado, se erigía un palacio y las más de las veces, un conjunto de casas de clase media, comercio o escuelas.

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Fuente imagen: www.memoriachilena.cl

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2. Formas de sociabilidad aristocrática y popular

Desde 1870 en adelante, la aristocracia santiaguina hizo ostentación de la riqueza acumulada en el corto intervalo del ciclo exportador triguero. En vez de invertir en renovación tecnológica o en inversiones industriales, la aristocracia destinó sus recursos al consumo suntuario (joyas, sedas, telas, espejos con marcos ornamentados, etc.)

A continuación lee este cuadro y pincha las palabras que están en  negrita con el fin de complementar la información que aparece.


El Bajo Pueblo tuvo sus propias formas de sociabilidad; por cierto, mucho más limitadas en recursos, aunque no faltas de imaginación.

La fiesta popular era callejera, abierta y pública. Iba el que quería. Allí también se comerciaba “de un cuánto hay” (ponchos, chalecos, velas, vino), productos caseros o de fabricación doméstica. Generalmente, la fiesta terminaba mal. No faltaban los borrachos ni las peleas, a veces por causas que nadie recordaba al día siguiente. Tampoco faltaban los detenidos por la guardia cívica, mandada a llamar por vecinos escandalizados.



Como los barrios populares surgieron dentro del radio urbano que antes ocupaba la “ciudad decente”, al menos al principio no hubo una diferenciación espacial urbana demasiado clara entre ambos estratos sociales.

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Fuente imagen: www.memoriachilena.cl

 

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3. La educación

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Siguiendo con la tradición nacida en el siglo XIX, la educación seguía su proceso expansivo. Si bien la cobertura educacional no alcanzaba para todos, la mayor escolaridad se traducía en el aumento de la alfabetización, que a comienzos de siglo llegaba a un 50%.

La principal obra educacional fue el establecimiento en 1920 de la ley de instrucción primaria obligatoria que significó el triunfo definitivo del concepto de estado docente. Los principales beneficiados con esta expansión fueron las capas medias, muchos de sus miembros lograron acceder a la universidad, convertirse en profesionales y mejorar su calidad de vida.

Sin lugar a dudas, uno de los avances más significativos que se vivió en Chile en la última parte del siglo XIX fue el ingreso de la mujer a la universidad. La pretensión de Eloísa Díaz (en la imagen) de estudiar Medicina estuvo marcada por una fuerte discusión ideológica, en la que se confrontaron visiones liberales y conservadoras, sobre el papel de la educación y de la mujer en la sociedad.

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Finalmente, en 1877 se dictó una que permitió el acceso de la mujer
a la universidad.

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4. La consolidación de la clase media

Entre ambos sectores, la oligarquía y los pobres, emergió la clase media. Haz clic sobre inicio para saber cómo se formó este grupo social.

El acceso al conocimiento le permitió a la clase media desarrollar un visón crítica del liberalismo imperante, empapándose de ideas socialistas, estatistas y corporativistas. No es de extrañar que hacia la década de 1920, este grupo social haya adquirido cohesión e identidad de clase, abandonando, en parte, la actitud imitativa hacia la aristocracia.


Por influencias múltiples, entre los sectores ilustrados surgieron nuevos conceptos que planteaban problemas reñidos con la ética de la vieja clase parlamentaria. Las nuevas promociones universitarias se entusiasmaban con principios románticos, como los de la igualdad y la creciente democratización, que chocaban con las desigualdades sociales cada vez más evidentes. Frente al individualismo político de la elite dirigente, para quienes había que contribuir con todo para eliminar todo tipo de trabas gremiales, de asociaciones e incluso de los nacientes sindicatos, surgió una visión que miraba a la transformación del Estado como un elemento crucial de la integración social. Y esta convicción no quedaba restringida únicamente al ámbito político; empapaba a toda la sociedad.

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5. Nuevas creaciones intelectuales y artísticas


Éste fue el escenario en el que van a surgir las ideas, los proyectos, los nuevos anhelos sociales, artísticos y políticos, de la sociedad chilena del comienzo del siglo XX.

Fue dentro de la clase media desde donde surgió la mayor parte de las expresiones artísticas y literarias de inicios del siglo XX. La juventud se rebeló en contra de los cánones establecidos, especialmente de aquellos provenientes del liberalismo positivista y parlamentario.

“La filosofía, el arte, la religión, la economía, la educación, la situación de la mujer, las entretenciones, absolutamente todo empieza, tímidamente, pero cada vez en forma más decidida, a tomar otros rumbos” (julio heise, el período parlamentario. 1861-1925; pág. 363).

¿Qué provocó este cambio de actitud?

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1. La lectura de las nuevas tendencias literarias y políticas, europeas y norteamericanas influyó decisivamente en este cambio de postura. El positivismo de Comte, de Mill, de Spencer, fue desechado por su postura contemplativa y apática. En cambio, se comenzó a leer profusamente a Nietsche (en la imagen), a Bergson, a James, a Cocteau, a Huxley, a Proust, a Gorka, a Dostoiewski, etc.

2. El malestar generalizado de los sectores medios y de intelectuales hacia el sistema parlamentario, el liberalismo y la oligarquía. Las nuevas tendencias literarias, filosóficas y políticas tenían en común la crítica a la sociedad liberal, su moderna desigualdad, su pretenciosa creencia en el progreso indefinido, su “catolicismo hipócrita”. Surgió una visión vitalista y escéptica respecto del mundo burgués europeo que la juventud chilena identificó con la oligarquía parlamentaria. Ganó fuerza y apasionó el ateísmo de Nietzche, en los grupos más avanzados de la juventud universitaria. Adquirió cierta relevancia los postulados anarquistas de Kropotkin y se observó con atención la situación de Rusia (la Revolución de 1905).
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Estas posturas políticas tenían sus expresiones culturales en los nuevos movimientos artísticos: el dadaísmo (Zurich, 1916) fue el primer movimiento resueltamente antiburgués, que adoptó fórmulas extravagantes que implicaban la negación absoluta de toda lógica, toda moral, toda racionalidad.

En este contexto, surgió la necesidad de salir al extranjero, especialmente a París. Allí se educó y dio sus primeros pasos intelectuales y literarios, un conjunto de escritores chilenos, entre los que se contaron Francisco Contreras (Los países grises), Ernesto Torrealba, Augusto d’Halmar, Joaquín Edwards Bello y uno de los poetas chilenos más destacados del Siglo XX, Vicente Huidobro (en la imagen), autor de importantes obras, entre ellas Altazor. El malestar de estos artistas e intelectuales queda en evidencia al leer “Balance Patriótico”, escrito del mismo Huidobro, en la que realiza una feroz crítica a la realidad social y política de Chile. Haz clic sobre su imagen para leer un fragmento de esta obra.

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Esta rebeldía contra la sociedad burguesa explicó la predilección de los escritores jóvenes por los temas sociales y por las costumbres populares. Esta tendencia que la inició Baldomero Lillo (En la imagen, Sub-terra, 1904; y Sub-sole, 1907) fue recogida por Joaquín Edwards Bello, con El Roto; Alberto Romero, con La Viuda del Conventillo; y Eduardo Barrios, con Un Perdido. Aunque más tardío, aquí también debe considerarse a González Vera, con Hombres Obscuros. Todas estas obras constituyen hasta el día de hoy fuentes literarias de un invaluable valor histórico social.

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6. La crisis del centenario

Estas creaciones y obras fueron el reflejo de un malestar mayor, que algunos historiadores llamaron “la crisis del centenario”. Entre los intelectuales apareció toda una generación de críticos sociales, que tuvo dos grandes tendencias:

Los que desarrollaron una crítica nacionalista. Entre ellos se encontraba:

• Francisco Antonio Encina, más tarde conocido como historiador positivista, destacó en este período gracias a su Nuestra inferioridad económica (1911), en la cual criticaba el estado de retraso de la industria nacional.

• Alberto Edwards, historiador, autor de la Fronda Aristocrática, obra en la que revalora el pasado político autoritario.

• Nicolás Palacios ensayó una perspectiva racial para explicar la crisis demográfica y el desastre sanitario en que estaba el país (Raza Chilena, 1906).

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Fuente imagen: www.memoriachilena.cl

Los que desarrollaron una crítica social y antioligarca.

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Desde los sectores socialistas se realizó una intensa crítica al sistema parlamentario y a la oligarquía en particular, destacando la figura de quien es considerado fundador del movimiento obrero chileno Luis Emilio Recabarren (en la imagen). Este líder proletario público una serie libros y artículos de prensa en los que criticaba la situación social en las que vivían los sectores populares. En ese sentido destaca la publicación en 1910 de la obra “Ricos y Pobres”, en la que señala que el proletariado, producto de su degradada situación, no tiene nada que festejar en el centenario.

Todas estas inquietudes, lenta pero gradualmente, fueron teniendo su expresión política. En 1909, jóvenes conservadores fundaron la federación de obreros de chile (foch) y en 1912, profesionales de distintos sectores políticos y algunos jóvenes militares, coincidieron en la fundación de la alianza cívica que, entre otras cosas, planteó el cambio de constitución. Pero sus pretensiones, por el momento, debieron postergarse.

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Última modificación: viernes, 18 de abril de 2008, 15:56
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